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Úlcera de Buruli, una herida tropical

Desde la pandemia COVID hasta la actual diseminación de la viruela del mono, son ejemplos de expansión de enfermedades localizadas en un área que se extienden fuera de ese área geográfica. El cambio climático puede ser un factor facilitador de la “movilidad geográfica” de las enfermedades, además de otros factores.

Hoy hablaremos de la úlcera de Buruli, una herida tropical, que debemos conocer para poder tratar adecuadamente en nuestro medio.

¿Qué es la úlcera de Buruli?

La úlcera de Buruli, causada por el Mycobacterium ulcerans, es una enfermedad crónica y debilitante que afecta principalmente a la piel y a veces al hueso. Se trata de un microorganismo que pertenece a la misma familia que las bacterias causantes de la tuberculosis y la lepra, aunque en el momento actual se desconoce el medio de transmisión a los humanos.

Epidemiológicamente se notifican casos principalmente en países tropicales y subtropicales, habiendo llegado a notificarse casos incluso en Australia, China y Japón. El actual proceso ambiental de aumento de temperaturas y de movimientos migratorios puede facilitar que en nuestro medio (países del sur de Europa) se detecten casos más frecuentemente.

Y una vez detectado cuál puede ser el problema, vamos a describir la lesión en sí.

Clínica

Por primera vez valoradas y descritas en 1897 por Sir Albert Cook en Uganda, la enfermedad suele comenzar como una hinchazón indolora (nódulo), un endurecimiento indoloro de una zona más amplia (placa) o una inflamación difusa e indolora de las piernas, los brazos o la cara (edema). Suele cursar sin fiebre y sin dolor en las lesiones.

En ausencia de tratamiento, aunque a veces incluso durante el tratamiento antibiótico, los nódulos, placas o edemas se convierten en úlceras al cabo de cuatro semanas. Ocasionalmente se ve afectado el hueso, lo que provoca deformidades.

La gravedad de la enfermedad se ha clasificado en tres categorías:

  1. Una sola lesión pequeña (32%) de las especificadas
  2. Placa no ulcerosa o ulcerosa y formas edematosas (35%)
  3. Formas diseminadas y mixtas, tales como osteítis, osteomielitis o afectación articular (33%)

Las lesiones se producen a menudo en las extremidades: un 35% se produce en las extremidades superiores, un 55%, en las extremidades inferiores y un 10% en otras partes del cuerpo. En el medio en el cual el Mycobacterium ulcerans es endémico, se debe valorar y hacer un diagnóstico diferencial con úlceras arteriales, venosas o mixtas.

¿Cómo se trata?

El tratamiento consiste en una combinación de antibióticos y tratamientos complementarios. Dentro de los “tratamientos complementarios” se engloba el uso de apósitos para favorecer la cicatrización.

Hay orientaciones terapéuticas para los profesionales de la salud en la publicación de la OMS titulada Tratamiento de la enfermedad por Mycobacterium ulcerans (úlcera de Buruli). Un estudio reciente indica que el tratamiento recomendado en la actualidad es una combinación de rifampicina (10 mg/kg una vez al día) y claritromicina (7,5 mg/kg dos veces al día).

Polymem y la úlcera de Buruli

Los apósitos Polymem pueden ser utilizados en este tipo de lesiones. Facilitan la cicatrización y el control de la infección, en combinación con el tratamiento antibiótico, gracias principalmente a la acción del surfactante.

Como hemos mencionado en otros post (enlace a post “biopelícula bacteriana”) el surfactante inhibe la proliferación bacteriana, reduce la producción de biopelícula y es un adyuvante para el manejo de la colonización e infección bacteriana. Además, las propiedades de manejo del exudado ayudan a aumentar la cadencia de curas y reducir el tiempo de cicatrización.

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